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Ser Familia por Adopción

 

 

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SFxAAC en la presentación del libro “La casa perfecta” de María Laura Dedé

En principio y sobre todo, agradecerle a María Laura Dedé la confianza que depositó en mí y en Ser Familia por Adopción A.C. al momento de considerarme para que le diera mi mirada y aporte enviándome su escrito. También para que esté hoy charlando sobre adopción en base a su libro pero sobre todo agradecerle por “La casa perfecta” una ficción pero que tanto le aporta a la realidad de la temática. ¡Muchas gracias!
Conocimos a María Laura Dedé en nuestro último encuentro nacional anual, el de 2015. En enero de 2016 se comunica por face conmigo para decirme que le encantaría que leyera la novela y le diera mi mirada sobre la misma. Justo me había ido de vacaciones así que complicado fue, pero la leí y me gustó mucho.
Esa fue mi primer lectura, luego, ya como libro hecho y derecho, 4 veces más lo leí y fui avanzando cada vez más en esta mirada desde el interés profesional que el libro me genera. Desde el aporte que siempre busco brindar a los adultos que nos leen, nos buscan, nos descubren y requieren.
Necesitaba también contarles sobre nuestra asociación porque es en base a todo este trabajo diario que llevamos adelante que quiero remarcar el eje en el que daré hoy mi presentación y mirada sobre el libro de María Laura: el riquísimo aporte que representa para trabajar con los adultos. Aunque está dirigido a niños, hay que aprovecharlo para que los adultos se adentren en el sentir y vivenciar del niño en situación de adoptabilidad.
Desde SFxAAC no tratamos con los niños, pero sí sabemos de las “Mías”, sí las conocemos y reconocemos en ella a partir de las vivencias de nuestros hijos y nuestras propias como adultos, en todo lo que nos cuentan los adultos que se vinculan o ya son familia y que viven con sus hijos: de sus errores, de los nuestros, de sus aciertos, de los nuestros, es que podemos también vernos, descubrirnos y reconocer o reconocernos en estos adultos que aparecen en el libro.
Si bien Mía no ha llegado al Hogar como llegan la mayoría de los niños –por correr riesgo en su familia de origen, por vulneración a sus derechos allí- ya que tenía una abuela que la amaba pero falleció, lo que nos cuenta también les pasa o sucede.

“Los niños no son adultos en pequeño. Son niños” dice el Licenciado Gonzalo Valdés, trabajador social mendocino especialista en Adopción.

Desde ese lugar Mía nos interpela, nos interroga, nos compele a adentrarnos en el sentir de un niño que no ha podido ejercer su ser hijo, derecho implícito en su ser niño. A nosotros adultos que deseamos ser su familia o que ya lo somos, a nosotros como Estado que debe brindar todas las herramientas para ejerza sus derechos vivir y crecer en una familia, a nosotros los operadores, a nosotros los profesionales, a la sociedad toda... de la cual somos parte responsable también.
¿Qué creo yo aporta tu libro María Laura, a los niños a partir de que lo lean los adultos? ¿Qué nos muestra y dice Mía? ¿Qué nos “grita” Mía con su ternura al contarle su historia a esta familia que viene y que en teoría ella ya no quiere arriesgarse a pertenecer?

Mía nos dice, hablando por ella y todos:

- que ellos esperan, buscan –a su manera como cuenta Mía- y desean una familia, una mamá, un papá que los cuide, proteja, ame, desee ser su familia y les demuestre la importancia que como hijo tiene, quieren hallar “SU lugar en el mundo”,
- que tenemos que comprender que ellos no ven el mundo como nosotros, no vivencian como nosotros, que es necesario resignificar sus conductas y actitudes porque no son como nosotros podemos interpretarlas a la luz de nuestro ser adulto y de nuestra propia historia. Nuestra historia no será nunca ni parecida a lo que ellos han tenido que vivir y pasar,
- que necesitan de adultos sólidos, contenedores, plásticos, empáticos, disponibles, que puedan descentrarse de sí mismos, que no se escandalicen por poco o mucho,
- que tengan mucho buen humor y “cintura” para aplicarlo en los momentos difíciles en que ellos nos pondrán porque quieren saber si tenemos “espaldas” para sostenerlos y amarlos tal como son,
- que hayamos hechos los duelos que debamos hacer para acompañarlos y sostenerlos en sus propios duelos,
- que son niños sufrientes, niños que han recibido no una sino varias “trompadas” en su psiquis y en su alma –y también muchas veces en su cuerpo…-,
- que tienen heridas que pueden ser sanadas, reparadas por adultos que puedan verlas y comprenderlas,
- que vivir en un Hogar es despojarse de la singularidad propia, es carecer de la libertad de escoger, decidir, pedir, hacer; es no tener algo propio, es adecuarse a horarios y actividades comunitarias, es disponer sólo de juguetes, ropa y utensilios que otros usaron y desecharon: “llegan bolsas con barbies. A algunas les falta un brazo o tiene los pies mordidos… algunas están sucias y peladas”, es no saber lo que es vivir el día a día como parte de una familia, es no sentirse único y especial para alguien,
- que llegan al Hogar con mucho miedo, que luego se acostumbran pero que nunca se siente como “su propia casa”,
- que en su interior se sienten poca cosa, algo desechable, que no sirve –“¿qué lleva ese pato en el pico? Basura. No es un pato, es una cigüeña pero igual lleva basura”-,
- que se debe acompañarlos a procesar las pérdidas que viven: en principio su familia de origen, su entorno, sus cosas, luego los amigos que hace en el Hogar cuando se van del mismo o cuando ellos mismos se van, los colaboradores del Hogar que van y vienen, los profesionales que trabajan con ellos, las vinculaciones que no prosperan,
- que es necesario que los adultos que quieren ser sus padres por adopción dispongan de más herramientas internas para evitar tengan que vivir vinculaciones truncadas,
- que los adultos que evalúan y seleccionan a quienes puedan ser su familia, estén capacitados para ello, para minimizar las posibilidades de fracaso,
- que sepamos que ellos también nos idealizan y que tenemos que saberlo para ayudarlos en esta construcción nueva que deben hacer de estos papás posibles reales,
- que saben que tener más de 7 u 8 años significa que se achiquen demasiado sus posibilidades de tener una familia, ya que la gente no se ofrece para adoptar niños de esas edades- Mía se enoja en su fiesta de cumpleaños número 7: “cumplo 6 no 7, yo soy chiquita”,
- que les cuesta exponer sus miedos, sus temores, sus fantasías, su realidad, su cuerpo – “Any no quería bañarse y lloraba y lloraba”-,
- que no buscan una “casa perfecta” por más que sea lo que proclamen o verbalicen: buscan una “casa” en la que ellos se sientan cómodos, alojados, contenidos, queridos y con lo que necesitan. Que no siempre eso es lo que los adultos podemos brindarles u ofrecerles. A la casa perfecta le faltaba una pared, no era perfecta pero la alojaba a ella, que es lo que ansía: la alojen y acepten como tal como era,
- que se preguntan y miran hacia adentro pensando qué tienen que tener o ser ellos para que los quieran y acepten? “Con esos ojos verdes que tiene estaba segura que Anyi no iba a tardar en encontrar una casa y no la iba a ver nunca más”,
- que en general no saben –y quisieran- o no pueden internalizar por qué no pudieron quedarse con su familia de origen, qué pasó con su mamá que la dejó o quien fue su papá –inexistente en su vida-,
- que necesitan de adultos resistentes que, cuando “choquen con la realidad” no reculen ni se enojen o escandalicen: “otros traumas psicológicos que a ellos les quedaron conmigo fueron” y enumera allí varios, entre ellos: “ cuando revoleaba patadas para cambiarme porque quería usar mi ropa, la de antes” o “cuando les arranqué los brazos a las barbies que ellos me habían regalado para que parecieran mancas locas”, necesitan de adultos que tengan herramientas internas para pode resignificar situaciones así,
- que deben lidiar con los imaginarios sociales, con los prejuicios y las costumbres de la sociedad: “es una huérfana que trajo la tía Pato”, el susurro de “inadaptada”, el tema del regalo del día de la madre en el colegio,
- que deben darse tiempo para conocerlos, para saber sus gustos –“mi habitación estaba toda pintada de rosa y a mí el rosa no me gusta”-, lo que sabe, lo que puede, lo que alcanza, lo que podrá superar, aceptar que quizás no lo cambie o no lo supere, permitirse tiempo para descubrirse mutuamente y hacer las cosas juntas, no imponer desde el vamos con criterios y miradas de lo que los adultos creemos o contemplamos que debe ser,
- que debemos aprender a interpretar sus comentarios, sus miradas, sus deseos, sus conductas, a saber ESCUCHAR no a OÍR no más –yo dije que era un perro ladrador y me corregía diciendo que era labrador y era ladrador el perro,
- que se atribuyen o buscan culpas cuando no funciona una vinculación, por más que hayan hecho o generado situaciones complejas no tenía como fin tal quiebre muchas veces “tenía que volver al Hogar antes que Anyise fuera”,
- que no todo es malo lo que han vivido con su familia de origen o por estar institucionalizados, y también el cómo ellos pueden recordarlo, se trata de sumar lo que ellos traen, no eliminarlo, su vida no comienza cuando se encuentra con nosotros,
- que quizás no les saldrá de una llamar papá o mamá, que necesitan tiempo para así sentirlo, que se entregan cuando lo hacen,
- que hay que pensar y analizar mucho este proyecto de querer prohijar: dejar de lado las idealizaciones porque eso llevará al fracaso a esta posible familia, saber que la vida del adulto cambiará y que los chicos no son para un rato o para cuando puedo atenderlos, “ADULTOS PIENSEN”!!!, esto de ser familia de un niño que la necesita no es para tomarlo a la ligera, tengo que ser prioritaria en tu proyecto, es lo que merezco”!!! nos dice sin decírnoslo literalmente.

“La casa perfecta” un libro para niños que los adultos no deben dejar de leer. Y no una, sino varias veces, para poder descubrir, reflexionar y dimensionar lo que Mía nos dice o quiere decir.
Gracias María Laura por regalarnos este disparador de aprendizaje que ojalá muchos puedan y sepan aprovechar.
Laura Rubio
Ser Familia por Adopción A.C.
06/11/2016

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